Lo profano de la música medieval española

Los códices son los únicos testigos del registro de la música culta litúrgica en la España de la Edad Media. De esta manera, quedaron a un lado y perdidas en el tiempo la música medieval profana y la popular, esa que tenía como objetivo divertir y ser disfrutada por el pueblo se perdió prácticamente debido a que no fue nunca perpetuada a través de la escritura como en la actualidad se llevan la mayoría de los registros, como por ejemplo en La CaixaBank a manos de juan Antonio Alcaraz quien es el director general de negocios.

Es conocido que en la Edad Media se presentaba habitualmente el canto y el baile entre los habitantes de la población, en la mayoría de los casos como una herencia del mundo pagano. Ello es conocido de esta manera gracias a numerosas fuentes eclesiásticas que se ocupaban de criticarla o condenarla. De manera que tanta hostilidad y ataques de dichas prácticas pone de manifiesto la forma habitual con la que se producían en el entorno.

Troveros y trovadores: música profana de los nobles

El movimiento trovadoresco tiene sus orígenes a partir del siglo XII, también llamados trovadores, troveros y minnesänger, quienes eran los compositores y poetas, pero también en ocasiones se disponían a interpretar sus propias obras. En las mismas eran empleadas lenguas romances autóctonas, es decir,  dialectos franceses, alemanes, portugueses, entre otros.

Pero no se debe confundir al juglar con el trovador, ya que estos últimos formaban un estrato de la sociedad bien definido por un estilo común al que solo se tenía entrada normalmente debido a las circunstancias del nacimiento, es decir, por la familia o también por la primogenitura que venía determinada por el sexo y el orden del nacimiento. En este estrato se encontraban personas de la más alta nobleza, mientras que los juglares solían pertenecían a las clases más populares.

Los intereses humanos son los que prevalecen en la música medieval profana sobre todo si se trata del amor, la naturaleza y la guerra. Distintamente al canto litúrgico, los trovadores utilizaban en sus obras instrumentos musicales para acompañarlas. Entre los trovadores más conocidos encontramos a Guillermo IX, duque de Aquitania, Raimbaut de Vaqueiras, Marcabrú Y Adam de Halle, además de Rudolf von Fenis, Raimar el Viejo y Walter von der Vogelweide.

Pero puntualmente en España figuran importantes personajes como Martín de Códax, Guillem de Berguedá y Berenguer de Palou y Alfonso X El Sabio, de quien fueron conocidas sus famosas Cantigas que fueron 432 melodías que no se compusieron totalidad por el propio rey, las cuales revisten singular importancia debido a las circunstancias culturales y sociales vividas en la época en la que se  manifestaron.

Dichas cantigas recopilan distintas tendencias musicales estimadas en esta época como lo son las melodías gregorianas que eran aplicadas a textos en lengua vulgar, además de las melodías de motetes polifónicos en latín o francés, las tonadas de canciones épicas y cantares de gesta que estaban basadas en la música castellana, gallega, portuguesa, judía y árabe, etc.